
1. Los símbolos de los cuatro evangelios y la identidad multidimensional de Jesucristo
El mensaje del evangelio que proclama el pastor David Jang se apoya en la larga tradición de la Iglesia que relaciona la identidad multidimensional de Jesucristo, tal como se presenta en los cuatro evangelios, con los “cuatro seres vivientes” mencionados en el Apocalipsis. Él profundiza en cómo Mateo, Marcos, Lucas y Juan, en contextos históricos y teológicos distintos, interpretaron la persona y la obra de Jesús. Esta perspectiva abarca tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento y constituye un marco importante para revelar a Jesús, el Mesías venido, en múltiples niveles. En especial, esta interpretación tradicional se conecta con la corriente exegética a partir de la Edad Media, que asocia las imágenes del león, el becerro, el hombre y el águila de Apocalipsis 4 con cada uno de los cuatro evangelios. A partir de ello, el pastor David Jang retoma dichas imágenes para reiluminar el mensaje central que cada evangelio transmite.
El Evangelio de Mateo suele identificarse con la figura del león, pues resalta a Jesús como Rey de los judíos. En Mateo, Jesucristo es el auténtico Rey que hereda el trono de David y el heredero de la promesa hecha a Abraham, lo cual se ve subrayado en la genealogía que inicia con Abraham y se articula en torno a David. Esta genealogía da cuenta de la gran importancia que los judíos concedían a la herencia, la alianza y la legitimidad de la sucesión real. Mateo 1, al presentar el relato del nacimiento de Jesús, no se limita a narrar la historia de un individuo, sino que expone un auténtico drama teológico en el que las esperanzas de salvación de Israel encuentran su plenitud en el Mesías Jesús. Desde esta perspectiva, el pastor David Jang retoma la imagen del león para Mateo, recalca la majestad y el poder del Rey de reyes que ha venido a cumplir la alianza, y proclama que, en ese contexto, Jesús es verdaderamente el Rey que salva.
Por su parte, el Evangelio de Marcos, generalmente dirigido a un público romano, presenta un ritmo rápido y un carácter eminentemente práctico. Teniendo en cuenta la mentalidad romana que valora la acción inmediata y la utilidad, Jesús aparece aquí como “Siervo de Dios”. El pastor David Jang conecta este aspecto con la imagen del becerro que simboliza servicio y sacrificio. No es casual que la palabra “inmediatamente” aparezca con frecuencia en Marcos, reflejando la rapidez con que Jesús se mueve, sana y obra milagros. Todo converge en el versículo clave de Mc 10:45: “El Hijo del Hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos”. Así, como el becerro destinado al sacrificio en el sistema de ofrendas del Antiguo Testamento, Jesús consuma el sacrificio en la cruz para la salvación de la humanidad, mostrándose como un siervo perfecto y obediente hasta el final. El pastor David Jang destaca cómo, de esta forma, el evangelio no solo revela la autoridad real de Jesús, sino también su entrega total como siervo, y exhorta a los creyentes de hoy a imitar esta actitud de servicio.
En el Evangelio de Lucas, íntimamente vinculado a la imagen del “hombre” (el “Hijo del Hombre”), se subraya la humanidad de Jesús. La genealogía aquí retrocede hasta Adán, destacando que Jesús no es solo para los judíos, sino el Salvador de toda la humanidad. De hecho, Lucas pone de relieve de manera especial la atención que Jesús presta a los pobres, a los débiles, a los pecadores, a los extranjeros, a las mujeres y a la infancia, todos ellos situados en la periferia social. El pastor David Jang explica que esto se debe, en parte, a la mirada de Lucas, quien escribe en un contexto grecorromano, pero también a la intención teológica de enfatizar el plan universal de salvación de Dios. Que fueran los pastores, ocupación en aquel tiempo no muy respetada, los primeros en recibir el anuncio de los ángeles sobre el nacimiento de Jesús, y que se incluyan personajes tan diversos como Simeón, Ana, leprosos, recaudadores de impuestos, pecadores e incluso un centurión romano, todo ello ilustra de manera perfecta la amplitud e inclusividad de la obra redentora de Jesús. El pastor David Jang amplía el alcance teológico del título “Hijo del Hombre”, recalcando que Jesús no es solo el Mesías de los judíos, sino el anhelado Salvador de toda la humanidad.
Por último, el Evangelio de Juan se ha asociado con la imagen del águila, que desciende desde el cielo, subrayando así el origen divino de Jesús. El “En el principio era el Verbo” (Jn 1:1) da cuenta de la grandeza de Aquel que estaba con Dios desde antes de la creación. El pastor David Jang recuerda que el Evangelio de Juan se escribió hacia finales del siglo I d.C., cuando el cristianismo ya se había expandido por todo el Mediterráneo y la filosofía griega era una base académica común. Por ello, Juan emplea el concepto de “Logos” para presentar a Jesucristo, en un movimiento de extraordinaria audacia y eficacia misionera. El mensaje de que el Ser trascendente, infinito en poder y autoridad, descendió a la historia humana para manifestar el amor de Dios pone de relieve, con fuerza dramática, la divinidad de Jesús.
Así, al combinar la imagen de los “cuatro seres vivientes” del Apocalipsis con los rasgos de cada evangelio, el pastor David Jang invita a contemplar a Jesús desde distintas ópticas. Aunque es el mismo Jesucristo, cada evangelio realza un foco particular. Esta lectura, fundamentada en la tradición de la Iglesia, no se agota en simples símbolos: se transforma en una guía de interpretación que permite a los creyentes actuales comprender de forma más amplia el carácter de Jesús y su obra salvadora. El pastor David Jang insiste en que, si se consideran los destinatarios originales, el contexto histórico y la finalidad misionera de cada evangelio, la multidimensionalidad de Jesús se integra y, así, se saborea la plenitud del evangelio.
2. Explicación heleno-romana acerca del Logos eterno y el misterio de la encarnación
El pastor David Jang, a continuación, profundiza en el concepto de “Logos” (Verbo o Palabra) de Juan 1 y el trasfondo filosófico griego que sirve de base a esta noción. Los filósofos helenos se preguntaban cómo el universo mantenía su orden y armonía, qué principio universal e inmutable lo regía, y a ese principio lo llamaban “Logos”. El término, que abarca la “razón”, la “palabra” y el “orden”, se consideraba el núcleo de toda lógica, lenguaje y coherencia cósmica. Al emplear este concepto para referirse a Jesucristo, Juan tendió un puente misionero sumamente atractivo a los pensadores griegos de la época.
La declaración “En el principio era el Verbo” (Jn 1:1) alude, por un lado, al “En el principio creó Dios los cielos y la tierra” de Génesis 1:1, familiar para los judíos, y por otro, conecta con la búsqueda de la verdad última propia del pensamiento heleno. Así, Juan presenta a Jesucristo como Aquel que estaba con Dios antes de la creación, que es Dios mismo y que creó todas las cosas. El pastor David Jang subraya aquí que Jesús no puede ser reducido a un simple profeta, maestro moral o Mesías exclusivamente judío. Él existió desde el principio, creó todas las cosas y comparte la naturaleza divina. Pero lo que descolocaba a los filósofos griegos era la idea de que este Ser divino y trascendente se hiciera carne. En la filosofía platónica, la esfera divina o ideal está separada del mundo material, que se consideraba corruptible, pero Juan anuncia que, de modo sorprendente, ese Logos infinito entró realmente en el mundo material.
La encarnación (encarnarse = “hacerse carne”) es la idea de que el Dios infinito asume una naturaleza humana finita. El pastor David Jang la describe como el “punto álgido del amor de Dios, que vino al encuentro de la humanidad sumida en el pecado y en las tinieblas”. Incluso para el pueblo de Israel, que llevaba siglos recibiendo la Palabra de Dios a través de la ley y los profetas, fue un suceso totalmente asombroso que Dios apareciera en la historia encarnado en un hombre. A ojos de muchos romanos o pensadores griegos, la idea de que “el Hijo de Dios nace como hombre” podía confundirse con las historias mitológicas sobre dioses y semidioses. Sin embargo, el Evangelio de Juan demuestra, a lo largo de su desarrollo, que esto no es mero mito, sino un hecho histórico concreto.
El pastor David Jang explica así el inmenso valor cultural, histórico y misionero de la incorporación del “Logos” en el mensaje evangélico de Juan. La difusión del cristianismo, desde sus raíces judías hacia todo el mundo gentil, exigía algún grado de diálogo con la filosofía helena, y el empleo del concepto “Logos” fue una herramienta eficaz para proclamar a Jesús entre los pensadores helenos. Pablo hizo algo similar en el Areópago (Hch 17), apelando a la religiosidad de los griegos y sus referencias literarias.
Por lo tanto, en Jn 1:3, “Todas las cosas por él fueron hechas”, se constata claramente la divinidad creadora de Jesús, quien existía antes de todo y es Señor de la historia. “En él estaba la vida, y la vida era la luz de los hombres” (Jn 1:4) refleja que no existe luz ni vida verdadera fuera de Jesús. El pastor David Jang precisa que la “luz” aquí no se refiere solo a una enseñanza ética o a un despertar intelectual, sino al poder de Dios que rompe el dominio del pecado y de la muerte, iniciando una nueva creación. La historia humana, sumida en la oscuridad, halla en Jesús la verdadera luz, y este rasgo dinámico del evangelio se muestra cuando la luz irrumpe y triunfa sobre las tinieblas.
En definitiva, para el pastor David Jang, el recurso al “Logos” no se limitó a reutilizar un concepto filosófico. Fue la manera más poderosa de revelar el núcleo de la fe cristiana: Jesús existía antes de todo, es uno con el Padre, creador de todas las cosas, y al encarnarse, introdujo en la historia un acontecimiento sin precedentes. Si Israel había recibido la Ley y los profetas, y los gentiles buscaban sin cesar la verdad a través de la filosofía, la proclamación de Jesús como el Logos eterno venía a irrumpir con fuerza en ambos mundos, unificando la historia de la salvación y abriendo el camino a la evangelización de todos los pueblos. El pastor David Jang concluye que hoy día, igualmente, las iglesias y los creyentes enfrentan el desafío de comunicar el evangelio en una cultura que valora la razón, la ciencia y la lógica. El ejemplo de Juan 1 sigue siendo un modelo de contextualización misionera, uniendo la revelación divina y el pensamiento humano.
3. “El Verbo se hizo carne”: la plenitud de gracia y verdad
En Juan 1:14, leemos: “Y aquel Verbo fue hecho carne y habitó entre nosotros”. El pastor David Jang denomina este pasaje como “la culminación del amor extremo de Dios y de su propia humillación”. Es que un Dios infinito y absolutamente santo asumiera un cuerpo humano y descendiera al mundo: ese es el acto de amor más asombroso. En otras religiones o mitologías, se hallan historias sobre dioses que toman forma humana, pero a menudo son relatos legendarios, y en ninguno de esos casos el “dios” muere efectivamente en la cruz para expiar los pecados. Solo en el evangelio cristiano, “el Verbo se hizo carne” para entregarse por la humanidad pecadora.
El pastor David Jang destaca dos implicaciones fundamentales de la Encarnación. En primer lugar, el hombre, alejado de Dios por el pecado, puede volver a encontrarse con Él directamente. En segundo lugar, este encuentro no se reduce a rituales religiosos ni a la mera obligación moral, sino que conlleva la experiencia existencial de la “plenitud de gracia y verdad”. Como en el Edén clausurado por el pecado, ahora el acceso a Dios se ha reabierto en Jesús. Quien cree y lo recibe es hecho hijo de Dios.
La Encarnación también es la cúspide de las profecías del Antiguo Testamento. La promesa de Isaías sobre “Emanuel” (Is 7:14), “Dios con nosotros”, se cumple históricamente en el nacimiento de Jesús. De igual manera, el profeta Moisés había anunciado que el Señor levantaría a un profeta semejante a él (Dt 18:15), y la promesa de un rey eterno en el linaje de David (2 S 7:12-13) se materializa también en Cristo. El pastor David Jang subraya así la continuidad entre Antiguo y Nuevo Testamento: la Encarnación no es una novedad aislada del Nuevo Testamento, sino la culminación del plan de salvación concebido “desde antes de la fundación del mundo”.
“Lleno de gracia y de verdad” (Jn 1:14) indica que en Jesús se concretan por completo la misericordia y la justicia, el amor y la verdad divinos. La Ley veterotestamentaria pone de manifiesto el pecado y la impotencia del hombre, pero el Evangelio es la buena noticia de la gracia de Dios que perdona al pecador y lo reconcilia con Él. El pastor David Jang explica que la “verdad” no significa un mero discernimiento intelectual, sino la revelación de la voluntad de Dios, el sentido de la existencia y el camino para vivir plenamente en Él.
Asimismo, la salvación realizada por Cristo en la cruz tiene como requisito previo la Encarnación. Sin la Encarnación, el sacrificio expiatorio de la cruz no habría tenido lugar, tal como expresa Pablo cuando presenta a Jesús como el “segundo Adán” (Rom 5). Mientras que el primer Adán introdujo el pecado y la muerte con su desobediencia, Jesús, con su obediencia, ofrece justicia y vida para todos. El pastor David Jang resalta que, al tomar carne humana, el Verbo no se limitó a enseñar, sino que transformó la historia al cargarse nuestros pecados y destruir el dominio de la muerte.
La luz “resplandece en las tinieblas” (Jn 1:5), y aunque las tinieblas no la comprendan, la victoria final es de la luz. El pastor David Jang observa que la hostilidad del mundo frente a Jesús no impide el cumplimiento último de la salvación. Aunque el evangelio narra la incomprensión y el rechazo de los líderes religiosos que lo entregaron a la cruz, la historia no termina allí: la cruz se convierte en el trono de gloria y el lugar donde se consuma el plan redentor. El pastor concluye recordando a los creyentes que, si bien hay momentos de rechazo y dolor, la esperanza escatológica nos asegura la victoria de la luz en Cristo.
La Encarnación es, pues, la clave para comprender la Navidad. El pastor David Jang insta a no reducir la Navidad a la imagen tierna de un bebé: ese Niño es el mismo Logos eterno, el Creador y, a su vez, el que morirá en la cruz y resucitará. En esa frágil cuna se inicia el gran drama de la salvación. El pastor David Jang insiste en que la Encarnación es un suceso cósmico, capaz de modificar la historia de la humanidad y ofrecer la única solución definitiva al problema del pecado. Por ello, la Navidad no es una mera fecha sentimental, sino un acontecimiento decisivo en la historia universal.
4. La luz de la salvación que atraviesa la realidad de la oscuridad y la muerte, y el significado teológico de la Navidad
El pastor David Jang llama al evangelio “una historia triste”, porque gira en torno a la humanidad sometida al pecado, la muerte y la idolatría, sin encontrar salida. La Ley del Antiguo Testamento, los reyes y el culto del templo demostraron su insuficiencia para solucionar el problema radical del hombre. Sin embargo, esa historia marcada por la tristeza se convierte en la historia de la esperanza gracias a la irrupción de Dios en medio de la oscuridad. El infinito y glorioso Dios llega como un niño en un humilde pesebre, lo que significa que nadie queda excluido de la salvación: ni los débiles ni los pobres.
La Navidad, por tanto, es un punto de inflexión histórico. La división del tiempo en a.C. y d.C. indica la magnitud del impacto de este nacimiento. Se inaugura una nueva era: ahora, quienes están en Cristo pasan de la muerte a la vida. El pastor David Jang describe esto como un auténtico “cambio de paradigma”, en el que la autoridad de las tinieblas llega a su fin y comienza el reinado de la luz. Sin embargo, el relato evangélico muestra que la vida de Jesús no fue fácil, y muchos no lo reconocieron, e incluso lo rechazaron.
“Vino a lo que era suyo, pero los suyos no le recibieron” (Jn 1:11). El pastor David Jang ve aquí la expresión máxima de la tristeza del evangelio: la salvación, la luz y la verdad vinieron al mundo, pero encontraron rechazo, odio y la muerte en la cruz. Paradójicamente, esa muerte se revela como la puerta que conduce a la victoria de la salvación. En la cruz, el pastor David Jang ve el “trono de gloria” donde Jesús vence de modo supremo a la muerte y al pecado, resucitando y estableciendo una “esperanza viva”. Así, aquel niño de la Navidad se encamina a la cruz y la resurrección, que completan el plan divino.
La Navidad no debería quedar reducida a una celebración superficial. El pastor David Jang señala que el gozo navideño está anclado en la cruz y en la resurrección, y el drama salvador de Dios recorre todo el evangelio. Por ello, insiste en que cada adviento y cada Navidad sean una oportunidad de reflexión profunda y conversión, para redescubrir y vivir la realidad de la Encarnación y la salvación. El pastor David Jang llama a los cristianos a no olvidar que la Navidad es un evento universal de impacto cósmico y la puerta de entrada al proceso de redención.
Señala asimismo que la Navidad se celebra cada año, pero nunca debe verse como una mera repetición, sino como una renovación. La gracia de la salvación se experimenta continuamente y es la fuerza para que el creyente viva en el mundo como luz y sal, aun en un entorno marcado por la oscuridad. La Encarnación no fue un hecho remoto de hace dos milenios; sigue siendo la luz que alumbra a la humanidad hoy. El pastor David Jang conecta este punto con la misión de la Iglesia: así como el Logos se hizo carne para llegar a nosotros, la Iglesia debe encarnarse de forma concreta en la sociedad, proclamando y demostrando con hechos la buena noticia.
Finalmente, la Navidad no debe limitarse a la conmemoración del nacimiento de un niño, sino que debe reavivar el compromiso de la Iglesia con los que sufren. Puesto que Dios no desdeñó la realidad humana y asumió un cuerpo vulnerable, la Iglesia, igualmente, no puede desentenderse de los problemas del mundo. El pastor David Jang exhorta a que, en vez de centrar la Navidad en luces, regalos y música, se dé prioridad a compartir con quienes sufren, encarnando así el corazón de Dios.
El pastor David Jang muestra que el hilo conductor de su exposición —la unión de las cuatro imágenes evangélicas, el concepto de Logos y su trascendencia misionera, la gracia y la verdad de la Encarnación, y la luz de la salvación que irrumpe en la oscuridad— conduce a un único centro: Jesucristo y su plan redentor universal. Pese a que Mateo, Marcos, Lucas y Juan presenten distintos matices, todos concluyen que Jesús es eterno, Creador, Salvador y Rey victorioso. El punto decisivo de este plan salvador es la Encarnación, que hace posible que la humanidad regrese a su Creador. Por muy densa que sea la oscuridad, la luz de Cristo penetra y rompe las cadenas del pecado y la muerte. La Iglesia ha recibido la misión de anunciar esa verdad, y la Navidad es un momento clave para reafirmar este llamado.
En el tiempo de Adviento, la Iglesia se prepara espiritualmente para la llegada de Jesús, y el pastor David Jang insta a los fieles a sumergirse en la lectura de los evangelios y en la contemplación del misterio de la Encarnación. Solo así se puede experimentar la verdadera alegría de la Navidad y, además, traducirla en hechos concretos. De otra manera, la Navidad corre el peligro de volverse un mero rito cultural.
Subraya, pues, el pastor David Jang que la Encarnación no es solo un concepto teológico, sino la base misma de la fe. Sin ella, la fe se vaciaría de contenido, quedando en meras conjeturas humanas o rutinas religiosas carentes de la vida divina. El pastor David Jang recalca que la Encarnación proclama con toda claridad el amor inigualable de Dios, de modo que la salvación no es una conquista humana, sino un regalo que se recibe.
Además, esta Encarnación va unida a la cruz, a la resurrección y a Pentecostés, completando la trama de la redención. Al retener esa visión global, la Navidad se revela como anticipo y a la vez corazón de todo el evangelio. El pastor David Jang desafía a los creyentes a que cada Navidad sea un auténtico reencuentro con la gracia de Dios, lejos de las festividades superficiales y con el corazón renovado para abrazar la esperanza de la segunda venida de Cristo.
En suma, David Jang enfatiza que la Encarnación no es un dato del pasado, sino una realidad viva que hoy sigue transformando la existencia de quien se une a Cristo. La Iglesia, investida del Espíritu Santo, ha de llevar esta Encarnación al mundo, iluminando las tinieblas sociales y culturales con el testimonio práctico y compasivo de la fe. Quien asimila que el Rey, el Siervo, el Hijo del Hombre y el Águila celeste son manifestaciones de un mismo Señor, empieza a percibir el carácter vasto y tierno de Jesús, y se goza en la totalidad del evangelio.
Cuando el pastor David Jang califica el evangelio como “historia triste” que deviene “noticia gozosa”, se refiere a la derrota de la muerte y a la apertura de la vida eterna. El giro de los acontecimientos es tan radical que la ley del pecado y de la corrupción deja de dominar, y se instaura el reino de la vida. Y esto es solo posible a través de la Encarnación, la cruz y la resurrección de Cristo. Por ello, la Navidad es, al mismo tiempo, un acontecimiento colmado de asombro y reverencia. Es la entrada en la historia del Creador mismo, con un cuerpo humano, para cargar con nuestras aflicciones.
El pastor David Jang subraya también que la Encarnación demuestra que Dios no busca templos ni instituciones; busca personas. Y Jesús, en su ministerio terrenal, comió con los pecadores, tocó a los enfermos, se conmovió hasta las lágrimas. La Encarnación de Dios manifiesta la unión perfecta de su santidad y su compasión. Esto nos enseña que la espiritualidad cristiana no puede limitarse al interior de los lugares de culto, sino que debe encarnarse en la realidad humana, compartiendo la vida y el dolor de otros. Así, el pastor David Jang entiende la “espiritualidad de la Encarnación” como la vocación de la Iglesia a ser presencia activa y cercana en medio del mundo.
En conclusión, la lectura que hace David Jang de los cuatro evangelios, mostrando cómo cada uno expone a Jesucristo de manera diversa, lleva a una profunda comprensión de lo que la Encarnación implica para nuestra salvación. A pesar de las distintas circunstancias, los evangelistas comparten la misma fe: Jesús es el Hijo de Dios y el Salvador del mundo. El Evangelio de Juan lo expresa con majestuosa claridad filosófica y teológica al iniciar con el “En el principio era el Verbo”, declarando a Jesús como el Logos eterno, de naturaleza divina, creador y origen de todas las cosas. Ese Verbo se hizo carne para habitar entre nosotros, y así contemplamos su gloria, llena de gracia y de verdad. A partir de este suceso nace la esperanza que vence las tinieblas, el pecado y la muerte.
La Navidad rememora esa irrupción histórica del Logos, sin la cual no se habría consumado la cruz ni la resurrección. Por consiguiente, la Navidad es el pórtico del evangelio y, a la vez, la sustancia de toda la historia de la salvación. El pastor David Jang recalca que, cada año, la celebración navideña es una invitación a revivir la fuerza integral del mensaje cristiano, tomando conciencia de que su luz todavía penetra en la oscuridad de nuestro presente.
Finalmente, insiste en que este acontecimiento no se agote en un festejo cultural, sino que renueve la práctica del amor de Dios en el mundo. Como el Logos se humanó y asumió nuestras condiciones, también la Iglesia ha de “encarnarse” en los contextos de sufrimiento, injusticia y soledad para llevar el testimonio vivo de la gracia. El pastor David Jang previene que, sin el ejercicio activo de este amor, la teología o la celebración navideña se quedarían en la superficie. En cambio, cuando se ama y se sirve al prójimo, la Encarnación continúa manifestándose hoy.
De esta manera, las cuatro líneas maestras que desarrolla el pastor David Jang —la simbología de los cuatro evangelios, el Logos de Juan 1, el don de gracia y verdad de la Encarnación, y la Navidad como la luz que penetra en el reino de la oscuridad y la muerte— convergen en una única dirección: Jesucristo y su historia de salvación para toda la creación. Bajo símbolos diversos (león, becerro, hombre, águila), y con las múltiples perspectivas de Mateo, Marcos, Lucas y Juan, se revela el mismo Señor eterno, creador y redentor, que habitó entre nosotros para destruir las tinieblas y establecer la vida. El pastor David Jang exhorta a que, como Iglesia, redescubramos cada año este mensaje en la Navidad, no de modo meramente sentimental, sino en su profunda realidad espiritual y práctica.
La Encarnación no es solo una doctrina que memorizar, sino la raíz de la vida cristiana. Sin la Encarnación, la fe quedaría reducida a devociones o a especulaciones humanas. Es por la Encarnación que se muestra hasta dónde llega el amor de Dios, y cómo nuestra condición mortal puede ser transformada en vida eterna. Además, es el fundamento de la misión de la Iglesia: así como Cristo se encarnó para traernos la luz, la Iglesia debe encarnar el evangelio en la sociedad. Por eso, cada Navidad representa una nueva oportunidad de contemplar el inicio de la obra salvadora y de encaminar la mirada hacia la cruz y la resurrección.
El pastor David Jang concluye que el “sí” de Dios a la humanidad, al hacerse hombre, debe encontrar una respuesta: nuestro “sí” a la vocación de participar en su amor redentor. Celebrar la Navidad implica reconocer que, cuando estábamos bajo la sombra de la muerte, Cristo vino a darnos vida. Así, si miramos en conjunto lo que revelan los cuatro evangelios y el Logos en Juan, se confirma que Jesús es el Rey, el Siervo, el Hijo del Hombre y el Verbo eterno del Padre. Y este es, en definitiva, el mensaje que el pastor David Jang reitera en sus numerosas predicaciones y escritos: el nacimiento, la vida, la muerte y la resurrección de Cristo no son una historia del pasado, sino una realidad que hoy nos transforma y nos invita a testimoniar la luz en medio de la oscuridad. De ahí que la Navidad sea no solo la alegría de la llegada de Jesús, sino una llamada a la misión y al servicio al prójimo, fundados en el misterio inagotable de la Encarnación.