El martirio de Esteban – Pastor David Jang


La obra del Espíritu Santo y el modelo de la Iglesia primitiva

Hechos 6 es un pasaje representativo que muestra cómo la Iglesia primitiva experimentó el avivamiento, cómo resolvió los conflictos internos y cómo estableció su estructura eclesiástica. El pastor David Jang, basándose en este pasaje, ha enfatizado cómo el Espíritu Santo formó la Iglesia en sus inicios y cómo debemos interpretar bíblicamente los problemas y procesos de solución que surgieron en ella. Él afirma que todo el libro de los Hechos contiene las claves del avivamiento de la Iglesia y la obra del Espíritu Santo. Además, insiste en que cuando la Iglesia está llena de la fe en la resurrección y proclama el evangelio con valentía, multitudes llegan a la Iglesia; en ese momento, es imprescindible organizar de manera sistemática el ministerio de ayuda y servicio dentro de la comunidad.

En Hechos 6:1 leemos: “En aquellos días, al multiplicarse el número de los discípulos…”. Este versículo indica que, en época de avivamiento, numerosas personas se unieron a la Iglesia. Cuando daban testimonio de Jesús resucitado y se hacía presente el poderoso obrar del Espíritu Santo, el temor se disipaba y surgía la valentía para predicar el evangelio, lo cual causó una rápida propagación de la buena noticia. Los creyentes de la Iglesia primitiva no sólo estaban llenos de la fe en la resurrección, sino que, tras arrepentirse y recibir el Espíritu Santo, no sentían el menor temor en la predicación del evangelio. Como resultado, en toda Jerusalén, gran cantidad de personas convergían en la comunidad eclesial, y naturalmente aumentó el número de discípulos.

No obstante, cuando el número de fieles crece de manera explosiva, es inevitable que surjan diversos problemas en el interior de la comunidad. En Hechos 6 encontramos el primer conflicto interno: las viudas helenistas se quejaban de haber sido excluidas de la ayuda. “Helenistas” se refiere a judíos que usaban la lengua griega y que, viviendo en entornos culturales helenísticos, solían regresar a Jerusalén en sus años de vejez (en un sentir de “retorno a la patria”). Dado que en Jerusalén se hallaba el Templo y esa tierra simbolizaba la promesa y presencia de Dios, era frecuente que ancianos, viudas y personas pobres se reunieran allí. Por otro lado, los habitantes originales de Jerusalén usaban mayoritariamente arameo (de raíz hebrea). Esta diferencia lingüística y cultural formó en la Iglesia dos grupos: los “hebreos” y los “helenistas”.

El problema surgió en la distribución de la ayuda, es decir, el “asunto del pan”. Según la tradición judía, al caer la tarde del viernes se repartía pan a los necesitados. La Iglesia primitiva adoptó esta hermosa tradición y procuró que toda la comunidad viviera en unidad, pero al aumentar el número de miembros, surgió el riesgo de que algunos quedaran excluidos y marginados. Cuando repetidamente las viudas helenistas no recibían la ayuda diaria, comenzaron a quejarse contra los creyentes hebreos. Esto evidenciaba la diferencia lingüística y cultural existente en la comunidad, demostrando que incluso en medio del avivamiento podían darse conflictos humanos muy reales.

El pastor David Jang, al explicar este pasaje, destaca que lo primero que debe hacer la Iglesia en medio del avivamiento es “establecer un sistema”. La Iglesia, como comunidad, comprende tanto la dimensión espiritual como la dimensión práctica. Se necesitan personas que dediquen su tiempo por completo a la enseñanza de la Palabra y a la oración, y a la vez personas que gestionen las finanzas, que se encarguen de la ayuda a los necesitados y de proveer alimentos. Al igual que en la misión de “vanguardia” (predicación) y “retaguardia” (apoyo), es necesario quien prepare la mesa para que quienes escuchan la Palabra puedan concentrarse en ella. El relato de Marta y María en Lucas 10 también se entiende en este contexto. María, que escucha la Palabra, es valiosa, pero Marta, que prepara la mesa, también cumple un rol imprescindible. Cuando la Iglesia evangeliza intensamente y crece, surge la preocupación ineludible de cómo proveer la parte práctica de la vida diaria.

Para resolver el problema, los doce apóstoles reunieron a todos los discípulos y consultaron en conjunto, escuchando abiertamente las propuestas de la comunidad. Tras ello, concluyeron: “No es justo que nosotros dejemos la Palabra de Dios para servir a las mesas”. Quienes debían dedicarse a la predicación y a la oración eran los apóstoles, y vieron necesario escoger siervos que asumieran la labor de la ayuda. Allí surge el concepto que hoy llamamos “diácono” (diákonos, del griego diákonos o dikon).

El pastor David Jang señala que en este proceso se halla un principio de avivamiento eclesial que podemos extraer del libro de los Hechos. Según sus prédicas, cuando la Iglesia crece, es imprescindible contar con un sistema de administración y servicio; si funciona adecuadamente, las quejas y descontentos se minimizan. De hecho, él suele contar cómo, al iniciar en Corea su iglesia desde cero, cuando pasaron de unas cuantas decenas a más de cien personas, todavía podían repartirse la comida y las finanzas a duras penas. Sin embargo, al aumentar más la congregación, sin un sistema bien definido resultaba difícil sobrellevar la situación. Cuenta que en un comienzo llegó a vender estropajos para sostener las finanzas de la iglesia, y que se esforzó en idear un modelo para que todos se ayudaran mutuamente.

Asimismo, el pastor David Jang sostiene que el crecimiento de la Iglesia no puede lograrse con meros métodos de gestión o estrategias mundanas. Predicar el evangelio y que el Espíritu Santo mueva el corazón de las personas para encender el avivamiento es, en esencia, la obra de Dios. Por ello, antes de considerar la forma de organización, primero se debe edificar la Iglesia conforme a la Palabra de Dios, procurando el equilibrio entre la oración y la predicación, y el servicio. Siguiendo el modelo de la Iglesia primitiva, los ministros de la Palabra (apóstoles) se centran en la oración y la predicación, mientras que los encargados de la ayuda y administración (diáconos) establecen el sistema que evita confusiones. Naturalmente, disminuyen las quejas y la Iglesia se fortalece. De este modo, la comunidad no se enfoca únicamente en un área, ni se basa únicamente en un experto en cierta especialidad, sino que integra la predicación y la retaguardia, la oración y la administración, la enseñanza y el servicio, para constituir una verdadera comunidad.

El pastor David Jang extiende este razonamiento afirmando que la Iglesia necesita gran variedad de oficios y talentos. Cita el caso de Judas Iscariote, quien manejaba las finanzas entre los discípulos de Jesús, pero carecía de sabiduría espiritual y finalmente cayó en tentación por el tema del dinero. Por ello, quienes administren la ayuda y las finanzas de la Iglesia deben estar aún más llenos del Espíritu Santo y de sabiduría, pues su responsabilidad es grande. De lo contrario, corren el riesgo de caer en tentación como Judas. Y así, la Iglesia primitiva, al escoger diáconos, exigía que fueran personas “llenas del Espíritu Santo y de sabiduría, y de buen testimonio”, de donde surge un líder como Esteban, lo cual tiene un profundo significado.

En síntesis, el modelo de la Iglesia primitiva guiada por el Espíritu Santo nos muestra el siguiente principio: aquellos que tienen fe en la resurrección proclaman el evangelio con valentía, atrayendo a gran número de personas a la Iglesia. Mas, al crecer la congregación, surgen problemas administrativos, financieros y de ayuda. Los líderes eclesiales convocan a todos los creyentes, oyen sus inquietudes y nombran diáconos para que asuman la ayuda diaria. Como resultado, “la Palabra de Dios crecía y el número de discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén; también muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hch 6:7). Esto indica que, al organizar de manera adecuada la división de tareas y el servicio, el avivamiento se consolida. Y en medio de ello surge un líder destacado, como Esteban, quien extiende aún más el evangelio.

El pastor David Jang no se detiene en Hechos 6, sino que subraya la trayectoria que sigue la Iglesia primitiva hasta la predicación y posterior martirio de Esteban. La muerte de Esteban supone un punto de partida que impulsa la propagación del evangelio desde Jerusalén a Judea, Samaria y hasta lo último de la tierra, marcando un giro crucial. Tras ese suceso, siempre se constata la presencia poderosa del Espíritu Santo, lo cual demuestra, paradójicamente, que incluso los problemas que surgen en la Iglesia pueden abrir paso a un mayor avivamiento y expansión si se resuelven conforme a la dirección de Dios.

El pastor David Jang también relata el efecto sorprendente que produce aplicar el modelo de la Iglesia primitiva a las circunstancias de hoy, apoyándose en el testimonio de diferentes ministerios que ha liderado. Por ejemplo, cuando la Iglesia se convierte en un centro global de misión, no sólo hacen falta “intercesores” y “maestros de la Palabra”, sino también quienes “administren las finanzas y se ocupen de la ayuda”. Yendo más allá, es fundamental contar con equipos médicos, de construcción, con ministerios proféticos y con profesionales de diversas áreas cooperando estrechamente para erigir una Iglesia acorde a los desafíos contemporáneos. Si cada creyente lleno del Espíritu Santo cumple fielmente su función y se nutren mutuamente, la gracia de Dios se hace más abundante.

Él cuenta que, al iniciar subsedes o filiales en diversos lugares, muchos le preguntaban: “¿Cómo vas a dar de comer a tanta gente y de dónde sacarás los recursos?” Pero siempre terminó experimentando la provisión de Dios. En ocasiones, vendía productos para financiar la obra; en otros casos, los hermanos que se encargaban de la retaguardia trabajaban con empeño y enviaban recursos a los misioneros que estaban al frente. Todo ello, afirma, se llevó a cabo con un “espíritu diaconal (diácono)” y lo reconoce como la imagen original de la Iglesia primitiva relatada en los Hechos. Dicho de otro modo, el avivamiento de la Iglesia no sucede automáticamente sólo con oración y poder del Espíritu Santo: si la ayuda y la administración se organizan debidamente, el impacto se multiplica al máximo.

Este ideal modelo cooperativo de la Iglesia primitiva —“como el hogar en el que convivían Marta y María”— sólo se hace realidad cuando todos valoran y respetan el servicio mutuo. Quienes enseñan la Palabra pueden dedicarse aún más a ello, y quienes sirven en la parte logística (alimentos, vida cotidiana) sostienen a la comunidad. Pero si una de esas partes no funciona bien, se rompe el equilibrio y brotan las quejas y los descontentos.

La clave para evitarlo es “nombrar personas llenas del Espíritu Santo y de sabiduría”. Ya se trate del ministerio de la Palabra o de la ayuda, es imprescindible estar llenos del Espíritu para consagrarse con firmeza. En las labores de finanzas y administración se requiere, de forma particular, sabiduría. Sin discernimiento espiritual, uno puede dejarse llevar por las cifras y los beneficios inmediatos, cayendo en la tentación. En cambio, cuando se elige a las personas apropiadas, llenas del Espíritu Santo, la Iglesia se colma de paz y gozo, y “la Palabra de Dios crece” para propagarse por toda la región.

El pastor David Jang explica que, cuando ha plantado iglesias en diferentes países y ciudades, el mayor obstáculo ha sido la “inseguridad respecto a la ayuda, las finanzas y la administración”. Pero cada vez, basándose en Hechos 6 y buscando la guía del Espíritu Santo, se ha asegurado de proteger y fortalecer la oración y la predicación, y de designar y ungir en oración a aquellos aptos para servir en el área social y administrativa. Al estructurar la Iglesia de esta manera, la predicación se intensifica, y las personas nuevas se sienten atendidas —recibiendo comida y cuidado— lo que les otorga confianza para integrarse.

El pastor David Jang, además, alienta a que, al crecer la Iglesia, se plantee la construcción de edificios o centros misioneros y la instauración de áreas médicas, educativas, de apoyo logístico y de misión de campo a manera de proyecto integral. Él mismo ha levantado una sede internacional con líderes de diferentes ámbitos que cooperan para impulsar la misión global y el avivamiento eclesial. Recalca que esto no es fruto de planes humanos, sino que se logra siguiendo paso a paso la conducción del Espíritu Santo, de acuerdo con los principios de la Iglesia primitiva. De ahí la insistencia en no apartarse de los lineamientos del libro de los Hechos.

Sin embargo, reconoce con franqueza que no todo es fácil en esa expansión. Cuanto más grande es la Iglesia, mayor es también la probabilidad de discordias internas. En una congregación multicultural y plurilingüe, surgen diferencias que pueden generar tensiones. Tal como en la Iglesia de Jerusalén surgieron los grupos de hebreos y helenistas, hoy también se producen roces entre creyentes de distintos idiomas y culturas. La respuesta es, como enseña Hechos 6, “establecer diáconos y tener un sistema para dialogar y resolver los conflictos”. En lugar de que unos pocos líderes decidan unilateralmente, es preferible convocar a todos, escuchar sus opiniones y descubrir personas llenas de sabiduría y del Espíritu Santo para delegarles responsabilidades y autoridad.

La escena en la que se instituyen los diáconos revela un punto crucial: “los apóstoles oraron y les impusieron las manos” (Hch 6:6). No se trata de un simple nombramiento logístico, sino de un solemne oficio con investidura espiritual y ungimiento del Espíritu Santo. Por eso, “toda la multitud se agradó con la propuesta” (Hch 6:5). Al establecer de forma oficial a estos diáconos con la autoridad espiritual de la Iglesia, las quejas disminuyeron y la comunidad se unió con gozo. Como resultado, “la Palabra de Dios crecía, y el número de discípulos se multiplicaba en gran manera, y aun muchos de los sacerdotes obedecían a la fe”.

El pastor David Jang insiste en que la Iglesia actual no debe perder este patrón. Por tanto, cada vez que ha fundado una congregación, se ha asegurado de recalcar: “La Iglesia primitiva combinó el mensaje del evangelio, el poder del Espíritu Santo y un sistema de ayuda y servicio”. Si una Iglesia sólo resalta la obra espiritual, o únicamente el servicio social, se desequilibra. Cuando ambas vertientes confluyen de manera armónica, el Espíritu Santo actúa poderosamente y la comunidad ejerce una influencia benéfica en el mundo.

Cuando los creyentes preguntan: “¿Cómo solventar las finanzas? ¿Cómo sostener una misión en el extranjero? ¿Cómo manejar una iglesia emergente en rápido crecimiento?”, él remite a Hechos 6. Así como la Iglesia primitiva, ante el repentino aumento de personas, vio la necesidad de escoger a quienes se encargaran de la ayuda, hoy también debemos designar a gente llena del Espíritu y de sabiduría para distribuir las tareas de servicio, confiando en que Dios abrirá caminos. De la misma manera que Jesús proveyó el siclo que un pez llevaba en su boca para pagar el impuesto, si evangelizamos con ahínco y la Iglesia se expande, se abrirán nuevas vías y suministros. Por eso enfatiza: “Prediquen primero el evangelio, y Dios les proveerá”.

Asimismo, cuanto más crece la Iglesia y se diversifica el ministerio, mayor es la necesidad de depender totalmente del Espíritu Santo. Las ideas y planes humanos son limitados y, aunque las técnicas de gestión puedan aportar un desarrollo temporal, la auténtica influencia espiritual y la construcción sostenible de una comunidad sólo se consiguen por la intervención del Espíritu de Dios. Así, la importancia de la oración y la predicación que vemos en la Iglesia primitiva no puede soslayarse, de la misma forma que no podemos descuidar la labor diaconal. Ambas deben marchar juntas para que la Iglesia se afiance y avance el Reino de Dios.

El pastor a menudo menciona el ejemplo de la Iglesia de Antioquía. En Hechos 13, allí se reunieron Bernabé, Simeón, Lucio, Manaén y Saulo, orando y ayunando, y el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a la que los he llamado”. Ese acontecimiento dio origen a la misión mundial de Pablo. Pero tras él estaba la sólida retaguardia de la Iglesia en Antioquía. David Jang recalca que la Iglesia contemporánea también debe formar grupos de oración, enseñanza, ayuda, administración, misión, ministerio profético y otras áreas, pues el cuerpo se construye con la diversidad de dones. Para él, Hechos 13 ejemplifica la coordinación de múltiples roles: algunos oraban, otros enseñaban, otros enviaban misioneros, etc. Esa combinación logra que la Iglesia sea firme y expansiva.

En ocasiones él comenta: “Para abarcar bien estas siete áreas, se requiere trabajo arduo, pero ese es el camino que nos mostró la Iglesia primitiva”. Hace hincapié en la conveniencia de contar con un equipo médico para atender a los hermanos enfermos, así como de actuar en las áreas de bienestar y salud de la comunidad, lo cual contribuye en gran medida a la evangelización local. Además, se requiere personal especializado en construcción para levantar instalaciones eclesiales y centros misioneros. Hace falta gente con capacidad en el ámbito educativo, personas con dones proféticos, y líderes de administración para coordinar eficazmente la Iglesia. Cuando todos estos ministerios convergen orgánicamente en una sola congregación, el avivamiento se produce de manera natural y los creyentes experimentan la gracia mutua.

Por supuesto, David Jang subraya que ningún sistema, por más sólido que sea, puede sostenerse sin la base de la Palabra de Dios y la guía del Espíritu Santo. Toda estructura humana es imperfecta y puede fallar. Sin embargo, tal y como vemos en Hechos 6, si se delega el servicio en personas llenas del Espíritu Santo y de sabiduría, el resultado es sorprendente. Estos dos elementos, “Espíritu Santo” y “sabiduría”, constituyen las fuerzas esenciales para la Iglesia que sirve al mundo. Sin sabiduría, se cae en el caos; sin el Espíritu, se pierde el poder espiritual. Cuando ambas actúan juntas, se produce un crecimiento firme y un gran avivamiento.

El pastor comparte sus vivencias al expandir su ministerio en Estados Unidos, Europa y Asia, reconociendo que siempre hubo “personas con espíritu diaconal” sosteniendo la obra. Estos se encargaban de las finanzas, la administración, la ayuda social y otras tareas invisibles, pero vitales para la Iglesia. Él podía predicar, orar y enseñar precisamente porque un equipo de colaboradores entregados lo respaldaba. Suele afirmar con énfasis: “Si la misión de vanguardia es valiosa, también lo es la de retaguardia”. Para que quien está al frente cumpla su labor, la ayuda en retaguardia no debe faltar.

Gracias a este proceso, la Iglesia finalmente se llena de la Palabra de Dios y accede a un avivamiento. Hechos 6:7 condensa la conclusión: “La Palabra de Dios crecía, el número de discípulos se multiplicaba grandemente en Jerusalén y muchos sacerdotes obedecían a la fe”. Hasta entonces, la expansión se había dado principalmente entre la gente común, pero ahora incluso los líderes religiosos (sacerdotes) se rendían al evangelio. Esto implica que el avivamiento de la Iglesia trascendió el aumento numérico y adquirió influencia social. Y curiosamente, todo comenzó con el problema aparentemente menor de “distribuir el pan”.

El pastor David Jang llama a esto: “Sin pan, el evangelio pierde su fuerza”. Si se ignoran las necesidades materiales de las personas, se dificulta que experimenten el amor de Dios de manera tangible. Por otra parte, una predicación enfocada sólo en la Palabra, sin prácticas concretas de ayuda, se torna hueca ante el mundo. La Iglesia primitiva compartía sus bienes, de modo que “no había entre ellos necesitados” (Hch 2:44-45; 4:34-35), subrayando la importancia de esa doble dimensión. El pastor David Jang insiste en que debemos aplicar hoy ese principio; aconseja no pasar por alto la enseñanza de Hechos 6, sea para quienes planean fundar una Iglesia o para quienes ya tienen un ministerio.

Él además enfatiza que “en tiempos de avivamiento siempre hay pruebas”. Así como la Iglesia de Hechos 6 encaró quejas internas, el auge de la congregación puede venir acompañado de conflictos. Pero si los superamos en fe, la Iglesia se fortalece aún más y asciende de nivel. La Iglesia no avanza de manera lineal, sino que progresa al enfrentar y resolver las dificultades conforme a la voluntad de Dios, lo que profundiza y consolida su fundamento espiritual. En consecuencia, su mensaje constante es: “No teman, gestionen la Iglesia según los principios de Dios y seleccionen a sus colaboradores basándose en la plenitud del Espíritu Santo y la sabiduría”.

El pastor David Jang ha venido aplicando este principio en contextos eclesiales y misioneros tanto dentro como fuera del país. Dondequiera que ha fundado una Iglesia, primero investiga las necesidades de la zona y abre puertas con acciones de ayuda y servicio. Cuando la gente se acerca, junto a ellos ora y forma un equipo para la enseñanza de la Palabra, solidificando la base espiritual de la congregación. Paralelamente, entrena un equipo “diaconal” que gestione finanzas y administración para que la comunidad se sostenga. Dependiendo de las necesidades, se añaden ministerios culturales, médicos o educativos, generando un ecosistema diverso de crecimiento. Así, cuando se asienta un lugar de manera saludable, se abre paso a otra región, extendiendo el ministerio, muy al estilo de la Iglesia primitiva que partió de Jerusalén para alcanzar Judea, Samaria y los confines de la tierra.

En este proceso, la Iglesia cosecha frutos de avivamiento y se multiplican ministerios y dones. Unos se dedican a la oración y la Palabra, otros a la ayuda y la administración, o a la medicina, la educación, la misión… El pastor David Jang compara esta diversidad con “siete candelabros” que iluminan de forma armónica diferentes ámbitos. Un solo candelabro no basta; cuando los siete se encienden, la luz se expande ampliamente.

Él relaciona este principio con expresiones como “SCRIBE 400”, aludiendo a la necesidad de un núcleo de personas que estudien y disciernan la Palabra de manera profunda, no sólo a modo intelectual, sino dirigidas por el Espíritu Santo. En esa dinámica, los miembros comparten la “imagen de Dios” con igualdad esencial. Hechos 6 nos enseña que los doce apóstoles consultaron con toda la Iglesia, manifestando así desde el principio un modelo de igualdad y apertura.

Por ello, el pastor David Jang aboga por “edificar la Iglesia según la Biblia” y se compromete a seguir esa línea. Durante más de treinta años de ministerio, extendiéndose por Corea, Japón, China, Estados Unidos y Europa, siempre ha aplicado los principios de Hechos 6. De hecho, las congregaciones que lidera en diversas ciudades alrededor del mundo combinan equipos de enseñanza (encargados de la oración, la predicación y la evangelización) con equipos diaconales (responsables de la ayuda, la administración, las finanzas), lo cual ha propiciado el crecimiento. Y continúa investigando y perfeccionando ese sistema para expandir más el Reino de Dios.

Claro está que en ese trayecto se han encontrado debilidades humanas, conflictos y limitaciones contextuales. Sin embargo, él recuerda que “la Iglesia primitiva experimentó las mismas dificultades” y, en lugar de desanimarse, opta por volver a la oración y la Palabra para rogar la dirección del Espíritu Santo. Así, cuando surgen problemas, el equipo los percibe como “oportunidades para fortalecer la estructura de la Iglesia” y enfrenta la situación de manera proactiva. A medida que los creyentes asimilan el modelo de Hechos 6 y aprenden el valor y la responsabilidad de la labor diaconal, orando y sirviendo juntos, la Iglesia se edifica y crece.

En conclusión, el pastor David Jang recalca que Hechos 6, al narrar el avivamiento de la Iglesia y la organización de la ayuda y la institución de los diáconos, provee dirección clara para las Iglesias de hoy. Cuando el ministerio de la Palabra y de la oración, junto al de la ayuda y el servicio, actúan en armonía, las quejas se disipan, y “la Palabra de Dios se extiende con poder, multiplicando el número de discípulos”. Ese avivamiento no sólo es un crecimiento numérico, sino que llega a transformar incluso a líderes religiosos, como los sacerdotes en tiempos de la Iglesia primitiva. Este modelo, que nos ofrece la Iglesia de Hechos, es el núcleo que el pastor David Jang ha defendido y proclamado repetidamente.

Para él, toda esta enseñanza se resume en una frase: “Hazlo conforme a la Biblia”. “Debemos edificar la Iglesia según la Palabra. El Espíritu Santo nos mostró cómo formar la Iglesia desde el comienzo, y si interpretamos y aplicamos ese método, cualquiera puede ser testigo de su avivamiento”. Ese es el mensaje central que él recalca al estudiar Hechos 6: reproducir la historia de la Iglesia primitiva. Cuando la congregación está llena de la fe en la resurrección, desea la plenitud del Espíritu, y los que enseñan la Palabra se coordinan con quienes sirven en la ayuda y la administración, brota un testimonio valeroso, la gente se acerca y los problemas internos se convierten en oportunidades para perfeccionar la estructura. Repitiendo este ciclo, la Iglesia se fortalece y finalmente el evangelio se difunde hasta los confines del mundo.

El pastor David Jang, con esta visión, ha liderado y animado la plantación de muchas iglesias y misiones dentro y fuera del país. Su convicción es que éste es el camino más seguro y firme para superar la crisis y mantener el avivamiento de la Iglesia. La Iglesia primitiva ya nos brindó las respuestas. Si seguimos fielmente esas directrices, la Iglesia puede florecer en cualquier cultura o contexto histórico. Y en medio de ello, afirma, Dios siempre obra poderosamente con quienes persisten en Hechos 6 y no cesan de servir y enseñar. Esta es la “clave del avivamiento de la Iglesia según Hechos 6” que él predica, el corazón de la “obra diaconal llena del Espíritu y la sabiduría”, y el fundamento para que la Iglesia sea luz en medio de la oscuridad del mundo.


El papel del diácono (diácono) y la comunidad

Hechos 6 describe un momento de enorme relevancia en la historia de la Iglesia: el surgimiento oficial del oficio de “diácono”. Ante el crecimiento acelerado de la Iglesia y la urgente necesidad de atender el área práctica de la “ayuda”, se eligieron “siete varones de buen testimonio, llenos del Espíritu Santo y de sabiduría”, a quienes se les impuso las manos, instituyendo así el diaconado. Entre los siete, el más destacado es Esteban, junto a Felipe, Prócoro, Nicanor, Timón, Parmenas y Nicolás de Antioquía.

El pastor David Jang interpreta esta escena resaltando que el oficio de diácono no es simplemente un cargo menor dedicado a tareas de servicio o administración, sino que conlleva una responsabilidad de gran relevancia en la Iglesia. La exigencia de estar “llenos del Espíritu Santo y de sabiduría” lo demuestra. Ello confirma la enorme trascendencia espiritual y práctica de manejar las finanzas y la ayuda dentro de la Iglesia. El diácono se encarga de distribuir el pan, de cuidar a los más vulnerables y de administrar con transparencia y eficiencia los recursos de la comunidad. Cuando esta labor se lleva a cabo con orden, quienes predican la Palabra (apóstoles) pueden dedicarse de lleno a la oración y a la enseñanza.

En el contexto actual, el pastor David Jang recalca la importancia de “nombrar buenos diáconos” como elemento esencial para el avivamiento de la Iglesia. Para él, el diaconado no es un cargo que se otorga de manera burocrática cuando la Iglesia ya está consolidada, sino una “columna vertebral” a considerar desde el principio. Cuando al plantar una Iglesia la comunidad comienza a crecer, es imprescindible contar con alguien que asuma la ayuda y las finanzas. Sin embargo, no se puede designar a cualquiera. Alguien como Esteban, con fervor espiritual y notable sabiduría, es capaz de mediar incluso entre las quejas de los helenistas y los hebreos.

El pastor David Jang relata frecuentemente su experiencia en Corea, donde en los inicios de la Iglesia carecía de fondos y llegó a vender estropajos para subsistir, ilustrando así la urgencia de contar con quienes cumplan el “rol diaconal”. Él mismo lo hizo de forma temporal, pero reconoce que no es la mejor vía a largo plazo. “El predicador de la Palabra se ve limitado si a la vez debe encargarse de la ayuda”. Por ello, al designar a diáconos para la administración y el servicio, los pastores y los ministros de la Palabra pueden abocarse a la oración y la enseñanza. Ese modelo le permitió a la Iglesia primitiva afrontar el conflicto y alcanzar un avivamiento mayor.

Además, el pastor David Jang entiende al diácono como “vínculo entre la misión de vanguardia y la de retaguardia”. Cuando la Iglesia avanza en la evangelización de naciones, el soporte financiero y espiritual de la retaguardia es indispensable. Es como el suministro logístico de un ejército. A medida que la Iglesia se expande, surgen más necesitados, se incrementan los gastos y se complica la administración. Si el diaconado está bien establecido, el crecimiento fluye ordenadamente; si no, el avivamiento puede verse socavado desde adentro.

David Jang hace hincapié en la “plenitud del Espíritu y la sabiduría” como factor decisivo. En el ministerio, los problemas con las finanzas son muy habituales. Judas Iscariote manejaba el dinero, pero carecía de la suficiente madurez espiritual y sucumbió a la tentación. Esteban, en cambio, ejemplifica lo opuesto: aun siendo diácono, brilló también como predicador y demostró tal sabiduría que ni los líderes religiosos podían refutarlo. Esto evidencia que la Iglesia primitiva no designaba al azar a quienes servían en la ayuda, sino que seguía principios espirituales estrictos.

Lo mismo ocurre en la actualidad. No basta con que un diácono sea un experto en finanzas o administración; también debe poseer la visión espiritual y someterse a la guía del Espíritu Santo para no dejarse llevar por la lógica mundana. Por otra parte, si alguien tiene fervor espiritual pero carece de sentido administrativo, la gestión puede volverse ineficiente. De ahí que sean necesarios ambos componentes: el Espíritu y la sabiduría. De este modo, los diáconos adquieren prestigio y confianza tanto dentro como fuera de la comunidad, y ejercen plenamente su ministerio.

El pastor David Jang describe la tarea del diácono como la de “una Marta que no deja de lado la actitud de María”. Sin Marta, la mesa no se prepara, pero hay que cuidarse de no perder la comunión con la Palabra que Jesús enseña. Si la ayuda y la administración se concentran exclusivamente en el servicio y se desconectan del mover del Espíritu, se corre el riesgo de anular la dimensión espiritual. Pero si, al estilo de la Iglesia primitiva, el servicio y la Palabra se fortalecen mutuamente, la comunidad crece con poder interno y proyección externa.

Observando las iglesias y organizaciones misioneras que él lidera, se advierte su interés por asegurar la transparencia y eficacia de las finanzas, junto con planes concretos de ayuda, todo sometido a oración y discernimiento espiritual. No se trata de meros consejos de dirección con visión secular, sino de juntar la sabiduría de la comunidad, guiada por el Espíritu. El equipo clave que asume esa responsabilidad es el diaconado, reuniéndose regularmente para orar, discutir necesidades del campo y decidir la distribución de la ayuda. Así, la comunidad se estabiliza y el avivamiento perdura.

De hecho, la palabra griega diakonos (diácono) significa “el que sirve”. Para David Jang, este servicio, lejos de ser secundario, es tan esencial como cualquier otro ministerio. Cuando el diaconado funciona adecuadamente, surge en la Iglesia una cultura de servicio minucioso, favoreciendo la vivencia real del amor de Dios y eliminando discriminaciones. En ese ambiente, la gente comprende que la Iglesia es un lugar donde experimentamos de forma tangible la gracia divina.

En definitiva, mientras más grande sea la Iglesia, más trascendental es el rol del diácono. La Iglesia primitiva lo entendió tempranamente, y la Iglesia contemporánea debe seguir ese mismo camino. Hechos 6 expone por qué es indispensable este ministerio, cómo establecerlo y qué frutos se obtienen de él. Para el pastor David Jang, es a la vez un pasaje clave que él predica y pone en práctica de manera constante.


El camino hacia el avivamiento eclesial y su aplicación actual

El pastor David Jang sostiene que la Iglesia de hoy debe adoptar activamente las pautas de Hechos 6. Su idea esencial es: “Si seguimos el patrón que el Espíritu Santo mostró al formar la Iglesia, esta puede avivarse en cualquier época y lugar”. Y al examinar su labor ministerial, se ve que el equilibrio entre evangelización, oración y la ayuda sistemática ha generado un crecimiento notable, siempre apoyado por un equipo de diáconos bien organizado.

El primer fundamento que la Iglesia debe afianzar es “llenarse de la fe en la resurrección y proclamar el evangelio con valentía”. En los capítulos iniciales de Hechos (2 al 5), la proclamación de la resurrección de Jesús atrae multitudes a la Iglesia. Cuando uno cree verdaderamente en la resurrección, pierde el temor y se vuelve un testigo valiente, detonando un crecimiento rápido de la comunidad. Para David Jang, “el avivamiento eclesial depende, en última instancia, de cuántos tengan la certeza del poder de la resurrección. Pues, si no se teme ni a la muerte, el mundo temerá a la Iglesia”.

En esta ola de crecimiento, surgen los asuntos relativos a la subsistencia, la organización de la ayuda y la distribución de recursos. Así lo experimentó la Iglesia primitiva con las viudas en Jerusalén, y hoy en día se presentan incontables demandas de cuidado social. El pastor David Jang insiste en que es decisivo el siguiente paso: “Si los apóstoles descuidan la Palabra y la oración para ocuparse de la ayuda, puede apagarse la llama de la predicación; por ello, según el modelo de la Iglesia primitiva, conviene nombrar diáconos y establecer un sistema de servicio y finanzas”. El requisito es la “plenitud del Espíritu y de sabiduría, y un buen testimonio”.

No es algo sencillo. Probablemente, en la Iglesia de Jerusalén también hubo dificultades al designar a judíos helenistas como diáconos, pues tenían diferencias lingüísticas y culturales con los hebreos. Pero ese proceso, bien gestionado, puede extrapolarse a la Iglesia multicultural de hoy. El pastor David Jang ha vivido la experiencia de integrar comunidades con personas que hablan inglés, otras que usan la lengua local y otras que se comunican en coreano o en distintos idiomas; cuando establecieron diáconos que sirvieran de puente, la Iglesia gozó de mayor estabilidad y un avivamiento sostenido.

Una vez establecida la estructura, la Iglesia vive una retroalimentación positiva: el interior se fortalece y el crecimiento exterior se intensifica. Tal como en Hechos 6:7, “La Palabra de Dios crecía, y el número de discípulos se multiplicaba grandemente, y muchos sacerdotes obedecían a la fe”. Cuando la ayuda y el servicio se hacen de forma organizada, la predicación y la oración cobran aún más fuerza. Además, la gente encuentra en la Iglesia un cuidado concreto y a la vez un poderoso mensaje espiritual, percibiendo que la Iglesia es un “espacio donde el Reino de Dios se manifiesta”.

David Jang recalca que esa referencia a los “sacerdotes” pone de relieve que el avivamiento trascendió al pueblo común y alcanzó a figuras de la élite religiosa. Así, la influencia de la Iglesia no se limita al número de conversos, sino que incide en estratos sociales, políticos y religiosos. Para ello, afirma, se necesita armonizar “la Palabra + la oración + la ayuda + el servicio” a un mismo nivel. Si una de estas dimensiones falla, la Iglesia se vuelve estridente pero sin contenido real, perdiendo su capacidad transformadora.

Al afianzarse la Iglesia local, el siguiente paso es “abrir la misión mundial”. Tal como la Iglesia primitiva salió de Jerusalén, llegó a Antioquía y se expandió hasta Roma y el Mediterráneo, la Iglesia de hoy también puede consolidar un centro y luego crear otros en distintas regiones. De nuevo, el rol de los diáconos es primordial para coordinar los recursos humanos y financieros en varios lugares, fortaleciendo la obra evangelizadora. El pastor David Jang ya ha impulsado esta dinámica en distintos continentes y espera seguir ampliándola.

A menudo dice: “Esta época no sufre una crisis del evangelio, sino una crisis de la falta de organización bíblica en la Iglesia. La verdad ya la tenemos y el Espíritu Santo no tiene límites, pero al no acatar el modelo de los Hechos y gestionar la Iglesia con métodos humanos, surgen los problemas”. De ahí que proponga “leer Hechos, interpretar su modelo y aplicarlo de forma proactiva” como tarea para la Iglesia actual. Aunque no podamos replicar al pie de la letra a la Iglesia de Jerusalén del siglo I —dada la diferencia cultural y temporal—, el principio es el mismo. Cuando en una comunidad se distinguen los ministros de la Palabra y de la oración, los responsables de la ayuda y la administración, así como equipos médicos, de educación, proféticos o constructivos, ese cuerpo se construye de forma saludable.

Para el pastor David Jang, en ese equilibrio reside la fuerza para “superar la crisis y encaminarse al verdadero avivamiento de la Iglesia”. Lleva décadas esforzándose por plasmar estos principios en su práctica ministerial. Ha enfrentado muchos desafíos, pero se ha mantenido firme en Hechos 6 y en el establecimiento de un equipo diaconal, confirmando que, cuando la estructura funciona, el río de gracia fluye, decrecen los roces internos y la predicación produce fruto.

Finalmente, acentúa: “Hemos de anhelar la gloria de la Iglesia primitiva, la Iglesia del Espíritu Santo. La Iglesia de Dios, no la de los hombres, conforme a la Palabra, no a las estrategias humanas”. En este sentido, Hechos 6 sigue hablando hoy a la Iglesia. Todavía es posible el crecimiento, el avivamiento y la penetración del evangelio más allá de las fronteras culturales, si la comunidad se sostiene en el servicio diaconal y en cada don que Dios reparte. Entonces, como sucedió en Jerusalén, “la Palabra se extiende cada vez más, el número de creyentes se incrementa y hasta los líderes religiosos aceptan la nueva fe”.

David Jang planea difundir este mensaje sin cesar. Sus seguidores también contemplan el potencial transformador que aflora cuando la Iglesia funciona realmente de acuerdo con la Biblia, confirmando que la obra de Dios trasciende cualquier época. El camino que recorrió la Iglesia primitiva en el libro de los Hechos se mantiene plenamente vigente en el siglo XXI y puede hacerse todavía más poderoso. Tal es el “secreto del avivamiento de la Iglesia según Hechos 6” que predica el pastor David Jang, la esencia de un “ministerio diaconal lleno del Espíritu y la sabiduría” y la base para que la Iglesia sea luz en medio de la oscuridad.

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